|

Sesión 1

Durante la primera sesión de la intervención, la experiencia fue positiva, aunque también supuso un reto personal y profesional, ya que era la primera vez que trabajaba directamente con residentes con demencia moderada-severa. Esto me permitió comprender que el alcance de la intervención en esta población es mucho más sutil: no se trata de buscar aprendizajes formales, sino de favorecer pequeños momentos de conexión, bienestar emocional, calma y participación significativa. En

esta primera sesión utilicé imágenes acompañadas de música tranquila de fondo. Al inicio pude observar respuestas diversas: algunos residentes seguían las imágenes con la mirada, mientras que otros no respondían de forma evidente a los estímulos presentados. A partir de ello, fui entendiendo que el abordaje debía ser mucho más cotidiano y cercano, por lo que decidí presentar las imágenes como parte de una historia personal, explicando que eran fotografías tomadas durante una excursión con mi cámara. Este cambio generó una mayor predisposición en el grupo y permitió captar mejor su interés.

La sesión también me ayudó a reconocer la importancia de adaptar constantemente la intervención a las condiciones físicas, cognitivas y emocionales de cada residente. Algunos se encontraban semiacostados debido a sus necesidades fisiológicas o al riesgo de caída, mientras que otros participaron desde la mesa. Aun así, con apoyo constante, repetición de consignas y acompañamiento individualizado, pudieron vincularse de alguna manera con la actividad. En este sentido, observé que, aunque se pueda plantear una consigna general, en este tipo de intervención es fundamental reforzar el trabajo uno por uno para sostener la atención y favorecer la participación. Actualmente, considero que todavía nos encontramos en una fase inicial de reconocimiento de los residentes: identificar sus preferencias, observar a qué estímulos responden mejor y valorar cómo se sienten durante la actividad, si esta les calma, les divierte, les sobreestimula o les genera algún tipo de rechazo. La sesión tuvo una duración aproximada de entre 50 y 60 minutos, aunque fue necesario realizar algunas pausas para atender las necesidades propias de los residentes. En conjunto, esta primera experiencia me permitió confirmar la importancia de una intervención flexible, sensible y centrada en la persona.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta